miércoles, 20 de noviembre de 2013
Eso, como mínimo
miércoles, 27 de marzo de 2013
Escrache a la Estrella de la Muerte
nos hace dudar de quién es el héroe y quién el villano
domingo, 30 de octubre de 2011
Boi Ruiz, la zorra que cuida de las gallinas
domingo, 19 de junio de 2011
¿Poh qué?
martes, 7 de junio de 2011
Hoy no voy a ser realista
lunes, 6 de junio de 2011
Mi gozo en un pozo
domingo, 27 de marzo de 2011
Definición número 3
Esta noticia explica que el cuerpo de antidisturbios de los Mossos d'Esquadra dispondrá a partir de ahora de una nueva herramienta para disolver las manifestaciones, además de la clásica porra, los cañones de pelotas de goma, las mangueras de agua a presión y el gas lacrimógeno. Se trata de una pistola que lanza proyectiles de material y peso desconocidos. Según la noticia, se usará para "neutralizar" al manifestante violento, por lo que podemos entender que duele lo suficente como para tirar el adoquín y echarse al suelo a llorar. O tirar la pancarta, que es muy peligrosa también.
Se me ocurren varias cosas.
1. Apelando al bolsillo. Hasta ahora, los antidisturbios ya usan pelotas de goma, agua a presión y gas lacrimógeno. Además de porras, claro. ¿Hace falta más gasto? Eso sí, ahorran en placas numéricas identificativas.
2. Apelando a la lógica. Estas herramientas-armas tienen por objetivo la disolución de una manifestación violenta. Porque cuando nos pegan lo que hacemos es caminar ordenadamente hacia las bocacalles adyacentes hacia la Casa de Gominola en la calle de la Piruleta.
3. Apelando a la seguridad. Existe una limitación de zonas corporales: piernas. Ni cabeza, ni pecho, ni abdomen. Zonas vitales y tal. ¿Qué garantía hay de que se usen correctamente? ¿En qué situaciones afecta el gas al sistema respiratorio? ¿Qué hacer si eso pasa, qué garantía hay de ganar un pleito contra la policía?
4. Apelando a la memoria, a los datos reales. Varias personas han perdido un ojo por un impacto de pelota de goma y han sufrido otras lesiones por impacto en el abdomen (a tomal pol culo el hígado) o la cabeza (si se manifestaba tampoco sería muy listo, comentó uno). Entre ellos, el jefe de la Urbana de Barcelona, en la celebración de la Champions.
5. Apelando al individualismo. ¿Cuántas veces ha recibido todo quisqui a raíz de una actuación desafortunada de uno o dos? Uno o dos que, permitidme la conspiranoia, a menudo han tirado la primera piedra y han sacado las esposas para detener al segundo. (Pista: eran secretas).
6. Por último y principal. Apelando a la DEMOCRACIA, la libertad de expresión "y todo eso". Ni las manifestaciones son violentas por definición, ni la definición habitual de violencia es la auténtica. Si la violencia genera violencia, ¿para qué tantas herramientas y facilidades? Quizá no sea la violencia eventual lo que se desea reprimir, sino el trabajo de oposición y organización que hay detrás. A esto le aplicamos la definición número 3 de la RAE.
sábado, 28 de agosto de 2010
Conlacalma way of life
jueves, 27 de mayo de 2010
Becas de ficción
lunes, 24 de mayo de 2010
El caso Egunkaria
Proceso judicial irregular
La acusación primera vino del juez Del Olmo, que ordenó, en febrero de 2003, la clausura preventiva (¡y temporal!) del diario. Presuntamente, la publicación estaba financiada con fondos de la banda armada ETA. Del Olmo cerró el diario a propuesta de la Guardia Civil, cosa insólita en la Audiencia Nacional. Los directivos del periódico, como máximos responsables, fueron detenidos, acusados de trabajar a las órdenes de ETA y de poner el periódico al servicio de la banda terrorista.
En diciembre de 2006, la Fiscalía retiró los cargos por ausencia de pruebas. La Fiscalía razonaba así: "No estando acreditado que el periódico Egunkaria hubiera servido o financiado a la banda terrorista ETA; no habiendo los procesados legitimado las acciones terroristas o exculpado o minimizado el significado antidemocrático y de violación de derechos fundamentales que conlleva la actuación de dicha banda, ni prestado alguna ayuda ni específica ni genérica dirigida a apoyar en concreto la colaboración con el terrorismo, resulta improcedente abrir el juicio oral."
Una vez la Fiscalía se retiró de la acusación, tomaron el relevo la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) y la Asociación Dignidad y Justicia, que presentaron como prueba unos documentos intervenidos a miembros de ETA. Estos "documentos" consistían en una alabanza a la promoción que hacían de la cultura vasca el diario Egunkaria y otras entidades.
El cierre de un medio
El artículo 129 del Código Penal recoge la posibilidad de clausurar una empresa por orden judicial. Sin embargo, y según recoge la sentencia del pasado abril, un medio de comunicación no equivale a un negocio cualquiera.
Los medios de comunicación se regulan en torno a la Libertad de Expresión, amparada en el artículo 20.5 de la Constitución: "Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones en virtud de resolución judicial." Si bien el juez Del Olmo emitió tal resolución, no está todo claro.
Primero, planteémonos qué es un secuestro. Legalmente, es "un depósito judicial por embargo de bienes, o como medida de aseguramiento en cuanto a los litigiosos". En otras palabras, una medida preventiva para facilitar una investigación. En segundo lugar, la historia del caso. El juez ordenó una clausura preventiva y temporal de seis meses. Ahora bien, lo que no encaja son las sucesivas prórrogas de la clausura, hasta llegar a los siete años.
La sentencia del 12 de abril, finalmente reza así: "El cierre provisional o temporal de Euskaldunon-Egunkaria no tenía habilitación constitucional directa y carecía de norma legal especial y expresa que la autorizara."
Quizá sólo sea perrería
[Escrito el 28/08/08]
martes, 27 de abril de 2010
Lord Nieve
La olla estaba en un rincón, junto a la chimenea: era un caldero grande, barrigón, con dos asas enormes y una tapa muy pesada. El maestre Aemon dio una orden a Sam y Clydas, que fueron a buscarla, la cogieron por las asas y la pusieron sobre la mesa. Unos cuantos hermanos habían empezado ya a formar una cola junto a los cubos de las diferentes fichas cuando Clydas levantó la tapa y estuvo a punto de dejársela caer sobre los pies. Un enorme cuervo salió repentinamente de la olla con un graznido brusco, en medio de un remolino de plumas. Revoloteó hacia arriba, tal vez en busca de una viga en la que posarse o una ventana por la que escapar, pero en la bóveda no había ni una cosa ni la otra. El cuervo estaba atrapado. Graznó de nuevo y voló en torno a la estancia una vez, dos veces, tres veces... Fue entonces cuando Jon oyó el grito de Samwell Tarly.
- ¡A ese pájaro lo conozco! ¡Es el cuervo de Lord Mormont!
El cuervo se posó sobre la mesa más cercana a Jon.
- Nieve -graznó. Era un pájaro viejo, sucio y roñoso-. Nieve -dijo de nuevo-. Nieve, nieve, nieve.
Caminó hasta el extremo de la mesa extendió de nuevo las alas y voló para posarse en el hombro de Jon.
Lord Janos Slynt se dejó caer sentado, pero la carcajada burlona de Ser Alliser retumbó por toda la estancia.
- Ser Cerdi nos toma a todos por idiotas, hermanos -dijo-. Ha sido él quién le ha enseñado el truquito al pajarraco. Todos los cuervos que tenemos dicen ahora lo mismo: "nieve". Subid a las pajareras si no me creéis. En cambio, el de Mormont sabía muchas más palabras.
El cuervo inclinó la cabea a un lado y miró a Jon.
- ¿Maíz? -dijo, esperanzado. Al no obtener ni maíz ni respuesta, lanzó otro graznido-. ¿Olla? ¿Olla? ¿Olla?
Lo que ocurrió a continuación fue un torrente de puntas de flecha, una inundación de puntas de flecha, suficientes puntas de flecha para enterrar las escasas piedras, conchas y monedas de cobre que cayeron en la olla.
Cuando terminó el recuento, Jon se vio rodeado. Unos le daban palmadas en la espalda, mientras otros hincaban la rodilla en tierra ante él como si fueran un señor de verdad. Seda, Owen el Bestia, Halder, Sapo, Bota de Sobra, Gigante, Mully, Ulmer del Bosque Real, Donnel Hill el Suave y otro medio centenar de hermanos formaron un corro en torno a él. Dywen entrechocó los dientes de madera.
- Los dioses se apiaden de nostros; nuestro Lord Comandante todavía lleva pañales.
GEORGE R.R. MARTIN
Canción de Hielo y Fuego III: Tormenta de Espadas




